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lunes, 7 de febrero de 2011

¿La culpa es de la genética o la crianza? Depende

Un nuevo estudio viene a reavivar la disputa entre quienes se preguntan qué pesa más en la inteligencia de un niño, si los genes o la crianza. Sus autores aseguran que depende del estatus socioeconómico de cada familia.

CUANDO UNA PERSONA tiene los ojos azules, es alta o morena, es fácil saber la causa: la genética de sus padres o sus abuelos es, obviamente, la que determina estas caraterísticas. Sin embargo, a la hora de hablar del carácter de un niño, de su creatividad, su talento para los deportes o sus habilidades artísticas, la cosa no es tan fácil. ¿Es el mejor en matemática porque alguno de sus papás le heredó un gen específico o tendrá que ver con que desde pequeño lo incentivaron a explorar esa área?

Nature or nurture, dicen los estadounidenses. La eterna disputa entre la responsabilidad de la naturaleza o de la crianza sobre las particularidades que nos determinan como personas, y que durante muchos años ha tenido de cabeza a los investigadores de todo el mundo. En cuanto a la inteligencia, por ejemplo, ¿qué será más importante? ¿La genética o la crianza? Ahora, un nuevo estudio logra inclinar la balanza y su conclusión es que... depende. Y nada menos que de la cantidad de dinero de la familia.

La investigación de los especialistas Elliot Tucker-Drob, Mijke Rhemtulla, K. Paige Harden, Eric Turkheimer y David Fask fue publicada en la revista de la Asociación de Ciencias Sicológicas de Estados Unidos. Ya segura que la habilidad cognitiva de los niños es un rasgo determinado por la genética, pero sólo en ciertos sectores socioeconómicos. En otros, la gran responsabilidad de estas aptitudes la tiene la crianza.

Los investigadores de las universidades de Texas en Austin, Virginia y British Columbia usaron a 750 parejas de gemelos. La primera medición se realizó cuando tenían 10 meses. En ese momento, la genética no tenía casi ningún impacto sobre el desarrollo del coeficiente intelectual de los niños, sin importar su estrato. Sin embargo, cuando llegaron a los dos años, momento de la segunda medición, los datos arrojaron resultados muy distintos: para ese instante, la genética había sido la responsable del 50% de la variación de las habilidades cognitivas de los niños de los hogares más privilegiados, pero, curiosamente, seguía sin tener incidencia en los sectores más pobres, donde la crianza de los niños se llevaba toda la responsabilidad de sus aptitudes intelectuales.

El investigador Eric Turkheimer, que participó de este estudio y que ha liderado otros tantos en esta área, explica a La Tercera que la razón es simple: los malos ambientes suprimen la posibilidad de expresión de las características genéticas. El especialista lo ilustra así: "Imagínate que tienes un puñado de semillas que contienen potencialidad genética para que las plantas alcancen cierta altura. Si las siembras en buena tierra, la variación en el crecimiento de las plantas será genética. Pero si las siembras en un mal suelo, las plantas serán pequeñas y la variabilidad genética no será visible".
Tucker-Drob, por su parte, reafirma esta idea y descarta, desde Estados Unidos, que este cambio pueda ser atribuido a otras condiciones, que también son parte del desarrollo intelectual de los niños: "Como encontramos que estas diferencias emergen entre los 10 meses y los dos años, o sea, mucho antes de que los niños comiencen el colegio, sabemos que no son simples variaciones en la calidad de la educación que entregan los establecimientos", dice el experto. No, porque finalmente, en los sectores más desprotegidos, la crianza tiene un peso enorme. Tucker-Drob señala que "las diferencias en la calidad de los ambientes en la primera infancia parecen ser la clave. No lo sabemos aún con certeza, pero algunas posibilidades para estos resultados pueden incluir la mala nutrición, la cantidad de tiempo que se pasa con los hijos y la calidad de la interacción entre los padres y los hijos", afirma, todos elementos relacionados al nivel socioeconómico de una familia, que incluye sus ingresos, educación y actividades cotidianas.

Ya existían algunos antecedentes que apuntaban en esta misma dirección. Un estudio de la Universidad de Virginia que también midió en dos ocasiones a niños de distintos estratos (a los ocho meses y a los siete años), por ejemplo, concluyó que el cambio en el coeficiente intelectual en los niños entre una evaluación y otra variaba de acuerdo al estatus socioeconómico de la familia. "Este modelo sugiere que en las familias más pobres, 60% de la variación del C.I. es consecuancia del ambiente y la contribución de los genes es cercana a cero; en las familias más pudientes, el resultado es casi exactamente el inverso", indica el estudio. A diferencia de la investigación dada a conocer recientemente, en el estudio de la U. de Virginia la segunda medición se realizó cuando los niños ya llevaban por lo menos dos años de educación formal.

Pero a pesar de que la determinación de estos rasgos es sumamente poderosa y de que sus efectos pueden verse incluso hasta entrada la adultez, lo bueno es que es posible modificarlos con los estímulos correctos. Así lo sostiene Turkheimer: "Hay mucha evidencia que indica que los efectos de los malos ambientes pueden revertirse cuando los niños crecen. La mejor prueba proviene de la adopción de los niños de los orfanatos y de familias muy pobres. Estos niños tienen bajo coeficiente intelectual al comienzo, pero si son puestos en un buen ambiente, se recuperan rápidamente".

martes, 28 de diciembre de 2010

LA GENTE DE CLASE ALTA TIENE MAS DIFICULTADES EN RECONOCER LAS EMOCIONES DE OTRAS PERSONAS QUE LA DE CLASE BAJA

Psicología
Miércoles, 22 de Diciembre de 2010 08:57

Las personas de clase social alta tienen más oportunidades educativas, mayor seguridad financiera y mejores perspectivas de trabajo que las personas de clase social baja, pero eso no significa que estén más capacitadas en todo. Un nuevo estudio desvela que la gente de clase baja reconoce mejor las emociones de los demás.

En el estudio, a cargo de Michael W. Kraus, de la Universidad de California en San Francisco, Dacher Keltner de la Universidad de California en Berkeley, y Stéphane Coté de la Universidad de Toronto, se llevaron a cabo varios experimentos.

En uno de ellos, los voluntarios debían mirar fotografías de rostros e indicar qué emociones transmitía cada uno. Los individuos de clase alta hicieron un peor trabajo de reconocimiento que los de clase baja.

En otro experimento, los estudiantes universitarios de clase social alta (determinada por la información que cada estudiante daba sobre la situación socioeconómica de su familia) tuvieron más dificultades en reconocer correctamente las emociones de un desconocido durante una entrevista de trabajo.

Estos resultados sugieren que la gente de clase alta no es muy buena para reconocer las emociones de otras personas. Los investigadores especulan con que esto podría deberse a que las personas de clase alta pueden resolver muchos de sus problemas, como lograr que alguien cuide sus niños mientras están en el trabajo, sin tener que depender de la buena disposición de vecinos u otras personas de su entorno que acepten hacerles el favor. En cambio, según los investigadores, las personas con una situación económica más humilde, al estar más acostumbradas a tener que pedir favores, se vuelven más hábiles en detectar las emociones de los demás, ya que eso puede ayudarles a escoger la persona idónea a la cual pedirle uno.

Scitech News

lunes, 6 de diciembre de 2010

LA MENTE NO ES FELIZ CUANDO DIVAGA

Psicología
Jueves, 02 de Diciembre de 2010 12:00

El 46,9% de las horas que pasamos despiertos pensamos en algo distinto a la actividad que en ese momento se desarrolla y, por lo general, estas excursiones de la mente no resultan muy agradables. Así lo indica un estudio, realizado gracias a una aplicación web de iPhone, que recoge 250.000 pensamientos, sensaciones y acciones registrados por los sujetos a lo largo de sus quehaceres cotidianos.

"La mente humana es una mente errabunda, y una mente errabunda no es feliz", explican Matthew A. Killingsworth y Daniel T. Gilbert, directores de la investigación y psicólogos de la Universidad de Harvard (EE UU). "La capacidad de pensar en algo distinto a la situación en que se está inmerso es un logro cognitivo que tiene su coste emocional".

Pasamos casi la mitad de nuestro tiempo de vigilia pensando en otras cosas distintas del entorno que nos rodea. La investigación, publicada en la revista Science, muestra que el modo innato de funcionamiento del cerebro humano es dejar que la mente deambule.

A diferencia de otros animales, los humanos pasamos mucho tiempo pensando en algo distinto a lo que nos rodea en ese instante: contemplamos sucesos del pasado, sucesos que podrían ocurrir en el futuro o que tal vez jamás tendrán lugar.

Para observar este comportamiento, Killingsworth desarrolló una aplicación web de iPhone que se ponía en contacto con 2.250 voluntarios en intervalos aleatorios y les preguntaba cómo de contentos estaban, qué estaban haciendo en ese momento y si tenían la mente puesta en su actividad o pensaban en algo distinto, ya fuese agradable, neutro o desagradable.

Los sujetos podían elegir entre 22 actividades generales, como caminar, comer, comprar y ver la televisión. En promedio, los participantes informaron de que sus mentes pasaban el 46,9% del tiempo divagando, sin que ese porcentaje descendiese nunca por debajo del 30% al realizar ninguna actividad, salvo mantener relaciones sexuales.

Killingsworth y Gilbert descubrieron que el mayor nivel de felicidad se alcanzaba durante las relaciones sexuales, al hacer ejercicio o mantener una conversación. Cuando descansaban, trabajaban o utilizaban un ordenador personal en casa, es cuando más infelices eran.

"La deambulación o divagación de la mente es un excelente indicador que predice la felicidad de las personas", explica Killingsworth. "De hecho, la frecuencia con que nuestro pensamiento abandona el presente y adónde tiende a ir predice mejor nuestra felicidad que las actividades en que estamos involucrados".

Los investigadores calcularon que solamente un 4,6% de la felicidad de un individuo en un momento dado era atribuible a la actividad específica que estaba llevando a cabo, mientras que la tendencia a deambular y divagar de la mente era responsable aproximadamente de un 10,8% de su felicidad.

Los análisis de desfase temporal realizados por los investigadores apuntan a que la tendencia a divagar y deambular de la mente era en general la causa y no la consecuencia de la infelicidad de los sujetos. (SINC)

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Lo Que Hay Detrás de los Errores Cometidos Por "Nerviosismo"

17 de Noviembre de 2010. Foto: Jason SmithUna estrella del golf falla un golpe crítico que era fácil. Un estudiante brillante se queda en blanco ante un examen. Cada una de estas personas ha sufrido el mismo tropiezo en el procesamiento mental: la presión a la que estaban sometidos les ha hecho fallar.
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Es tentador recurrir a la explicación fácil de que tales fracasos son causados sólo por los "nervios". Pero para la psicóloga Sian Beilock, de la Universidad de Chicago, estos fracasos estrepitosos son un resultado predecible y prevenible de atascos de información en el cerebro. Estudiando cómo trabaja el cerebro cuando nos estamos esforzando en hacer algo de la mejor manera posible (y cuando ese afán llega a ser tan intenso que paradójicamente acaba por bloquearnos), Beilock ha logrado formular algunos consejos prácticos sobre cómo superar estos bloqueos en momentos críticos.

La investigación de Beilock es la base de su nuevo libro

Si pensamos demasiado sobre lo que estamos haciendo, por sentirnos muy preocupados ante la posibilidad de fallar, eso puede conducirnos a la “parálisis por análisis”. En pocas palabras, la parálisis por análisis surge cuando la persona trata de controlar cada aspecto de la tarea que está haciendo, en un intento desmesurado de asegurarse de alcanzar el éxito. Desafortunadamente, este control exagerado puede ocasionar que le salga “el tiro por la culata”, afectando de manera negativa a su eficiencia en una actividad en la cual, sin ese celo obsesivo en hacerlo todo bien, habría obtenido un buen resultado.

El cerebro también puede verse inmerso en otros fenómenos, aparte de la parálisis por análisis, capaces de sabotear su habilidad en una labor. Por ejemplo, las situaciones llenas de presión pueden agotar una parte de la potencia de procesamiento del cerebro, lo que se traduce como una merma temporal de la memoria de trabajo, que es esencial para poder realizar muchas actividades cotidianas.

El trabajo de Beilock ha demostrado el papel fundamental que la memoria de trabajo tiene para que una persona alcance su máximo nivel de eficiencia. La memoria de trabajo reside en la corteza prefrontal, y es una especie de libreta de notas mental, que sirve de almacén temporal de acceso rápido para alojar la información relevante para la tarea del momento, ya sea un problema de matemáticas en la pizarra, o el reto de responder a preguntas difíciles e inesperadas del cliente al que se atiende.

Las personas con mucho talento a menudo tienen una mayor memoria de trabajo, pero cuando se dejan llevar por el impulso obsesivo de hacer las cosas lo mejor posible, ésta queda sobrecargada y deja de funcionar debidamente, con lo cual las personas afectadas pierden la potencia cerebral necesaria para ejecutar con la pericia adecuada la tarea a la que se enfrentan.

Información adicional en:

Scitech News

miércoles, 10 de noviembre de 2010

MAS GENES RELACIONADOS CON EL DESEO DE EXPERIMENTAR NUEVAS SENSACIONES

Neurología
Lunes, 08 de Noviembre de 2010 08:28

El deseo de experimentar nuevas sensaciones, o, en otras palabras, las ganas de hacer cosas excitantes, está relacionado con la dopamina, una sustancia química que transporta mensajes en nuestro cerebro. Un nuevo análisis de genes en el sistema de la dopamina ha desvelado un grupo de mutaciones que ayudan a predecir si alguien será propenso a desear experimentar nuevas sensaciones.

El deseo excesivo de experimentar nuevas sensaciones ha sido relacionado con varios trastornos de la conducta, como la adicción a las drogas. Si no alcanza niveles excesivos, no es un anhelo perjudicial. No todo aquel que busca nuevas sensaciones ha de convertirse en drogadicto. Las personas de esta clase pueden acabar siendo alpinistas o artistas, por ejemplo. Todo está en cómo cada cual lo canalice.

La investigadora Jaime Derringer (Universidad de Minnesota) quiso usar una nueva técnica para averiguar más cosas sobre la genética subyacente en el deseo de experimentar nuevas sensaciones. Ya se han descubierto las conexiones más obvias entre enfermedades y genes, como por ejemplo la existente entre el gen BRCA y el cáncer de mama, en que dicho gen incrementa el riesgo de padecer esa enfermedad. Sin embargo, hasta recientemente, no había métodos viables que permitieran a los científicos buscar asociaciones más sutiles con los genes, como por ejemplo las que pudieran tener ciertos rasgos de conducta y de personalidad.

Derringer y su equipo usaron una clase de mutación en el ADN conocida como polimorfismo de un único nucleótido, o SNP por sus siglas en inglés. Un SNP es un cambio en sólo una "letra" del ADN.

Ella comenzó seleccionando 8 genes con varias funciones relacionadas con el neurotransmisor dopamina, el cual ya fue vinculado en estudios anteriores con el deseo de experimentar nuevas sensaciones.

A continuación, Derringer analizó un grupo de 635 personas que participaban en un estudio sobre la adicción. Ella obtuvo de cada una su información genética sobre 273 SNPs de los que se sabe que suelen aparecer en esos 8 genes, así como una evaluación de cuánto tendían a desear experimentar nuevas sensaciones.

Usando estos dos conjuntos de datos, la investigadora pudo reducir los 273 SNPs a 12 que parecían ser los más importantes. Cuando combinó estos 12 SNPs, se logró explicar casi el 4 por ciento de la diferencia entre las personas respecto al deseo de experimentar nuevas sensaciones. Un 4 por ciento puede parecer poco, pero es muy significativo para un estudio genético.

Scitech News


miércoles, 18 de agosto de 2010

REGIONES DEL CEREBRO MAS IMPLICADAS EN EL DOLOR CAUSADO POR UN DESENGAÑO AMOROSO

Psicología
Lunes, 16 de Agosto de 2010 10:06

El dolor y la angustia provocados por un desengaño amoroso pueden ser, neurológicamente hablando, el resultado de la actividad en partes del cerebro asociadas con la motivación, la recompensa y los anhelos ejercidos por las adicciones, según un nuevo estudio.

Lo descubierto en este estudio podría ayudar a comprender mejor por qué los sentimientos relacionados con el desengaño amoroso son tan difíciles de controlar, y también podría proveer una nueva y más detallada perspectiva sobre los comportamientos extremos relacionados con el desengaño amoroso, como son el acoso, el homicidio y el suicidio, conductas que por desgracia se registran en todas partes del mundo y en todas las culturas.

En el estudio, los investigadores se valieron de la captación de imágenes internas del cerebro mediante resonancia magnética funcional para registrar la actividad cerebral en 15 hombres y mujeres heterosexuales de edad universitaria que habían sido abandonados recientemente por sus parejas, pero que todavía se sentían “muy enamorados de ellas”. La duración media del tiempo transcurrido entre la ruptura y la inscripción de los participantes en el estudio fue de 63 días, y todas estas personas obtuvieron una elevada puntuación en una prueba psicológica conocida como la Escala del Amor Apasionado, que determina la intensidad de los sentimientos románticos. Todos los participantes declararon que pasaban más del 85 por ciento de sus horas de vigilia pensando en la persona que los rechazó, anhelaban que ésta regresara y querían volver a establecer relaciones con ella.

Cada participante vio una fotografía de su anterior pareja. Luego completaron un ejercicio sencillo de matemáticas, como contar hacia atrás de 7 en 7 desde un número aleatorio de cuatro cifras, para distraerlos de sus pensamientos pasionales. Finalmente, vieron una fotografía de una persona “neutra” conocida, como por ejemplo, el amigo de un compañero de habitación.

Los investigadores constataron que en los participantes se estimularon mucho más varias regiones cerebrales importantes al mirar las fotografías de sus ex-parejas que al mirar las fotografías de personas neutras. Estas regiones son:

- El área ventral tegmental, que controla la motivación y la recompensa y es conocida por su papel en los sentimientos de amor romántico.

- El núcleo accumbens, la corteza orbitofrontal y la corteza prefrontal, que están relacionadas con los anhelos y las adicciones.

- La corteza insular y la corteza cingulada anterior, que están asociadas con el dolor físico y el disgusto.

Scitech News

martes, 17 de agosto de 2010

La ciencia revela por qué es tan difícil olvidar un gran amor

15/08/10

Produce un “conflicto cerebral” que lo hace imborrable. Estudios de neurobiología demuestran que una relación amorosa intensa crea en el cerebro impresiones residuales que se reactivan fácilmente. Cuanta más información se grabó, más vívidos son los recuerdos.

Suspira ella, llamémosla Paula, y dice que ya pasó un año de la noche en la que se abrazaron y decidieron terminar con esa relación. Y que a pesar de haber bajado miles de veces a cavar en su tristeza, hay recuerdos que todavía se activan con el olor del aceite de oliva o con esa canción. Dice que en el cuerpo esos recuerdos se sienten como el amor –aunque nunca más distinto–: un nudo en el estómago, palpitaciones, dolor de pecho. Lo que no sabe es que si esas imágenes insisten en volver es porque no todo depende de la voluntad de olvidar: existe un circuito neurológico que fija con más intensidad los recuerdos que fueron incorporados de la mano de un fuerte contexto emocional . Este ovillo es el que está empezando a desenredar la neurobiología para explicar por qué resulta tan difícil olvidar a un gran amor.

“Desde el punto de vista neurológico, quedarse solo durante un tiempo no ayuda a superar el fin de una relación”, dice Antoine Bechara, un neurobiólogo reconocido mundialmente por sus investigaciones sobre las funciones cerebrales que intervienen en la toma de decisiones. Se refiere a que estar solo después de una separación o tapar todo con una nueva pareja no evita que el cerebro siga enviando recuerdos . Lo que Bechara investigó es lo que llama “conflicto cerebral”: por un lado la relación se termina; por otro, el cerebro sigue disparando imágenes y reacciones corporales. Para estudiarlo, los neurobiólogos utilizan la Resonancia Magnética Funcional, una técnica que les permite determinar qué áreas cerebrales desempeñan ciertas funciones, como el habla, el movimiento y la sensibilidad.

¿Qué hace que un recuerdo quede sellado a fuego? “En el lóbulo temporal hay dos estructuras. Una se llama hipocampo y por allí pasa la memoria declarativa, es decir, desde acordarse qué día es hoy hasta la cara de una pareja. Al lado hay otra llamada amígdala, que contiene a la memoria emocional. Para que la información declarativa pase por el hipocampo y se distribuya en el cerebro, debe haber un contexto emocional: por ejemplo, una situación atípica y desconocida vivida con ese gran afecto. Cuando la amígdala detecta ese contexto emocional envía neurotransmisores al hipocampo. Así se incorpora en la memoria como fenómeno de fijación”, detalla Ignacio Brusco, director del Centro de Neurología de la Conducta y Neuropsiquiatría de la UBA.

¿Por qué entonces, aun después de un largo tiempo, vuelven esas imágenes y esas sensaciones que secuestran al cuerpo? “Es la amígdala que sigue respondiendo con descargas emocionales involuntarias, como el dolor en el estómago o las palpitaciones”, dice Brusco.

Y no pasa lo mismo cuando se trata de un romance pasajero que con un verdadero amor : “Cuanto mayor sea la información que se grabó hacia ese afecto, en cantidad o calidad, más grabado va a estar en la amígdala y más reacciones va a seguir enviando. Estos recuerdos pueden aparecer como imágenes pero también como olores, sensaciones auditivas y como procesos de pensamiento”, agrega. Quienes aún están transitando el año que suele demorar un duelo amoroso (ver “ Las claves ...”) saben lo que duelen esos olores.

Cruzarse con una ex pareja y sentir cómo se despliega una catarata de recuerdos vívidos (aunque él o ella ni nos haya visto), también es frecuente. Para explicarlo, Ezequiel Gleichgerrcht, neurobiólogo del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO), cita la hipótesis de Antonio Damasio, otro prestigioso investigador en neurociencias: “Según su hipótesis del ‘marcador somático’ hay experiencias que gatillan señales químicas en nuestro organismo. Por ejemplo: si caminamos por el campo y por primera vez en la vida nos cruzamos con una víbora que abre la boca y se abalanza hacia nosotros, se disparará un conjunto de moléculas que quedarán asociadas a la sensación del miedo. Si nos volvemos a cruzar con una víbora volverá a gatillarse este patrón y nos producirá la misma sensación de miedo aunque ni siquiera abra la boca”. ¿Le dijo víbora a la ex? No. “Aunque este modelo aún está siendo debatido, podemos comprender por qué ciertas emociones, positivas o negativas, pueden perdurar cuando nos exponemos a la persona que generó esos sentimientos”.

Así, la frase hecha “el tiempo ayuda a olvidar” también tiene su explicación científica : “Con el tiempo, cuando las conexiones cerebrales que facilitan la revisión de situaciones críticas y emociones negativas se saturan, pueden sufrir lo que se llama ‘down regulation’: una disminución de los neurotransmisores en la zona de intercambio neuronal. Esto explicaría por qué los recuerdos vinculados a alguien importante van perdiendo peso”, dice Claudio Waisburg, neurólogo del la Fundación Favaloro. Tiempo al tiempo.

miércoles, 7 de julio de 2010

Deseo y miedo impiden controlar emociones



Los niveles más altos de la corteza del cerebro tienen capacidades limitadas para influir en el placer comparados con los más profundos


la regulación por separado de sentimientos extremos como el deseo y el miedo, dificulta que las personas puedan controlar las reacciones emocionales más fuertes, concluyó un estudio de la Universidad de Michigan.

El reporte publicado en la revista de investigación científica y biomédica Public Library of Science PLoS, indica que una limitación de las señales para penetrar en las emociones puede restringir los esfuerzos voluntarios de las personas para regular eficazmente sus emociones.

El estudio, encabezado por Kent Berridge, Alexis Fauré y Jocelyn Richard del Laboratorio de neurociencias afectivas y biopsicología, se apoyó en trabajos previos que mostraron que el compuesto químico dopamina coopera con el compuesto glutamato en la inducción tanto del deseo como del miedo en regiones adyacentes del cerebro.

La dopamina, que motiva a las personas y animales en la búsqueda de recompensas, puede estar involucrada en sentimientos negativos tales como el temor en la esquizofrenia, o involucrada en la adicción a las drogas, lo que implica un deseo excesivo, expuso la investigación.

El análisis comparó la generación del deseo y del miedo en un grupo de neuronas del encéfalo, que confluyen lateralmente por señales de glutamato (que proviene principalmente de la corteza) y la generación de las mismas emociones por diferentes señales químicas que proceden principalmente de estructuras cerebrales profundas subcorticales.

Los niveles más altos de la corteza del cerebro tienen capacidades limitadas para influir en el placer comparados con los más profundos, y sólo las señales profundas pueden crear placer durante la generación del deseo o crear el disgusto durante la generación del temor.

"Esto podría explicar por qué es difícil controlar algunas emociones intensas o patológicas. Los niveles más profundos del cerebro generan placeres o disgustos de una manera que parece resistente a la influencia de los niveles superiores", apuntó Berridge.

"Los generadores subcorticales de placer resisten aún cuando los niveles más altos logren regular la expresión del deseo o del miedo", explicó.

El equipo de la Universidad de Michigan "tocó un teclado emocional" del cerebro usando micro inyecciones indoloras de compuestos químicos en ratas que trastornaron las señales rápidas de glutamato de la corteza o las señales de los niveles más profundos, causando emociones intensas, incluido el deseo similar al hambre o al miedo.

Los toques de compuestos químicos hicieron que las sensaciones se tornaran más placenteras durante el deseo y más desagradables durante el miedo, pero los toques con compuestos de glutamato no tuvieron ese efecto.

"Llegamos a la conclusión de que el núcleo contiene dos teclados efectivos funcionales para las señales de aminoácidos: un teclado generador de motivaciones y un teclado generador de hedonismo", apuntó.

"Ambos están organizados junto con gradientes que tienen impacto sobre aspectos diferentes de la emoción en la computadora cerebral del humano", añadió.

Más información:
Leer documentos de la investigación (en inglés): Hedonic hotspots of 'Liking'
Laboratorio de neurociencias afectivas y biopsicología (en inglés)

domingo, 4 de julio de 2010

Longevidad y Diferencias de Edad Entre Cónyuges

Foto: MPILa vida en pareja es más beneficiosa para los hombres que para las mujeres, al menos para quienes desean tener una larga vida. Estudios anteriores han mostrado que los hombres con esposas bastante más jóvenes que ellos viven hasta una edad más avanzada que los hombres casados con mujeres de su misma edad.
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Aunque se había asumido que las mujeres casadas con hombres más jóvenes que ellas también deberían vivir hasta una edad más avanzada que las mujeres casadas con hombres de su misma edad, un nuevo estudio ha mostrado que no es así. En vez de ello, cuanto mayor es la diferencia de edad con respecto a la del marido, menor es la expectativa de vida de la mujer. Sucede tanto si la diferencia es por ser ella más joven que su marido como por ser mayor que él.

El riesgo de mortalidad de un marido que tiene entre 7 y 9 años más que su mujer se reduce en un 11 por ciento, en comparación con parejas en las que ambos cónyuges tienen la misma edad. Por el contrario, un hombre muere más temprano cuando es más joven que su esposa.

Durante años, los científicos han pensado que estos datos se aplicaban a ambos sexos. Asumieron que se producía un efecto de "selección de salud": En la mayoría de los casos, quienes logran cónyuges más jóvenes lo pueden hacer porque están mejor conservados por estar más sanos o porque tienen mayor poder económico lo cual también les permite cuidar mejor su salud. Y debido a su mejor salud tienen, obviamente, una expectativa de vida mayor. También se pensaba que un cónyuge más joven tiene efectos positivos de tipo psicológico y social en un cónyuge más viejo, y puede proporcionar a éste mejores cuidados en la vejez, ayudándole por tanto a prolongar su vida.

"Ahora, estas teorías deben ser reconsideradas", sostiene Sven Drefahl, del Instituto Max Planck para la Investigación Demográfica (MPIDR) en Rostock, Alemania. "Parece que todavía no están claras las razones de las diferencias en la mortalidad a causa de la diferencia de edad de los cónyuges"
Usando datos de casi dos millones de parejas danesas, Drefahl fue capaz de eliminar las deficiencias estadísticas de investigaciones anteriores, y mostró que la mejor opción para una mujer es casarse con un hombre de exactamente su misma edad; un esposo mayor acorta su vida, y uno menor lo hace aún más.

Según los resultados del estudio de Drefahl, la mujer que se casa con un marido de 7 a 9 años menor que ella, incrementa su riesgo de mortalidad en un 20 por ciento. Por ello, la "selección de salud" no puede explicar la diferencia en el riesgo de mortalidad de las mujeres. Aunque muchos estudios sobre selección de pareja muestran que las mujeres prefieren mayormente a un hombre de su misma edad, la mayoría de ellas termina con un marido más viejo. En Estados Unidos, al casarse el novio es como promedio 2,3 años más viejo que la novia. "No es que las mujeres no puedan encontrar cónyuges más jóvenes; la mayoría simplemente no lo desea", explica Sven Drefahl.

Pero, ¿por qué un marido joven acorta la vida de una esposa mayor que él? Según Drefahl, una de las pocas explicaciones posibles es que las parejas con maridos más jóvenes que las esposas violan la norma social de que el marido debe ser mayor que la esposa y por tanto sufren a causa de las "sanciones" sociales que reciben. Dado que casarse con un esposo más joven se sale de lo que se considera como normal, estas parejas podrían ser consideradas como ajenas a los círculos sociales y recibir por ello menos apoyo social. Esto podría conducir a una vida menos placentera y más estresante, reduciendo así la salud y, finalmente, incrementando la mortalidad.

Aunque el nuevo estudio del MPIDR muestra que las mujeres tienen mayor desventaja cuando no son de la misma edad que sus maridos, no es cierto que casarse sea desfavorable en general. Estar casado eleva la expectativa de vida tanto del hombre como de la mujer por encima de los solteros. Además, las mujeres suelen vivir más que los hombres; mundialmente su expectativa de vida supera a la de los hombres en varios años.

Información adicional en:



lunes, 21 de junio de 2010

Detectar la Falta Potencial de Honradez, Habilidad Humana Que Se Desarrolló Para Ese Fin Concreto
21 de Junio de 2010. Foto: UCSBUna nueva investigación realizada por académicos en la Universidad de California en Santa Bárbara indica que la habilidad humana de detectar a los facinerosos refleja el funcionamiento de un sistema de razonamiento que evolucionó para ese fin concreto, y no puede ser explicada mediante habilidades más generales para razonar sobre reglas condicionales, violaciones morales, o interacciones sociales.
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Según los autores, este sistema se activa sólo cuando se detecta una transgresión que potencialmente puede revelar un aspecto específico de la personalidad de alguien, su tendencia a actuar de manera deshonesta.

Los resultados del nuevo estudio, que retoma la línea de investigación abordada por uno anterior que mostró evidencias neurológicas de un sistema distinto de detección de facinerosos, refutan concretamente la teoría de la "pizarra vacía" de la inteligencia humana. Esta teoría trata de explicar habilidades especiales, por ejemplo la capacidad de detectar facinerosos, como un producto de la experiencia y de una capacidad general de aprender o razonar.

La psicóloga Leda Cosmides, codirectora del Centro para la Psicología Evolutiva de la Universidad de California en Santa Bárbara, ha llevado a cabo el nuevo estudio junto con el antropólogo John Tooby, codirector del citado centro, y H. Clark Barrett, antropólogo que ahora trabaja en la Universidad de California en Los Ángeles.

El intercambio social es la forma de cooperación que se da cuando las personas intercambian favores. Los análisis evolutivos han mostrado que el intercambio social no puede evolucionar a menos que los individuos sean capaces de detectar a los que actúan sin honradez. Por lo tanto, desde un punto de vista evolutivo, el propósito de detectar conductas deshonestas es asociarlas a una identidad, para deducir la personalidad.

Sin embargo, sólo algunas violaciones de los contratos sociales son relevantes para evaluar la personalidad. Por ejemplo, alguien puede ser privado de aquello a lo que tiene derecho, por culpa de un error inocente o cuando algo interfiere de manera accidental en la marcha de los acontecimientos. En esos casos, el sistema cerebral para valorar lo ocurrido no es el mismo que cuando se produce una flagrante falta de honradez, situación ante la cual sí se activa ese sistema cerebral especializado en lidiar con los facinerosos.

Información adicional en:

lunes, 7 de junio de 2010

REGULACION DE LA PACIENCIA PARA ESPERAR BENEFICIOS FUTUROS

Una nueva investigación revela la existencia de un circuito cerebral sobre el que parece sustentarse la capacidad de los seres humanos para resistir la tentación de escoger una gratificación inmediata a cambio de recibir otra mayor en el futuro, aunque ello implique esperar durante meses o incluso años.

Este nuevo estudio aporta algunos datos esclarecedores sobre la capacidad para el "viaje mental a través del tiempo", que nos permite a los seres humanos tomar decisiones cuyos beneficios son a largo plazo.

Los humanos preferimos normalmente recompensas grandes en vez de pequeñas, pero esta situación puede cambiar cuando las más grandes están asociadas con una demora mayor en recibirlas. Aunque no hay duda de que los seres humanos rebajamos el valor de las recompensas conforme aumenta el plazo de tiempo a transcurrir hasta obtenerlas, en general, poseemos una capacidad bastante buena para aguardar el beneficio a largo plazo y no ceder a la tentación de aceptar recompensas inmediatas que no nos convienen por ser demasiado exiguas.

Hay varios modelos propuestos para explicar la base neuronal de la habilidad que nos permite asignar a múltiples recompensas valores relativos en diferentes momentos. Sin embargo, aún quedan muchas preguntas sin respuesta, y las regiones y mecanismos cerebrales involucrados en este proceso están poco claros.

Jan Peters, del departamento de Neurociencia de Sistemas en el Centro Médico Universitario de Hamburgo-Eppendorf en Alemania, y su colega Christian Büchel, usaron resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI) y otras técnicas, para revisar las interacciones entre el viaje mental al futuro y la toma de decisiones.

Los voluntarios que participaron en el estudio tuvieron que hacer una serie de elecciones entre pequeñas recompensas inmediatas y grandes recompensas tardías, mientras su actividad cerebral era medida mediante fMRI y sus procesos mentales eran examinados con otras técnicas.

Los datos neurológicos revelaron que las señales en la corteza cingulada anterior, una parte del cerebro implicada en la toma de decisiones basadas en recompensas, y el acoplamiento funcional de esta región con el hipocampo, en combinación con el acto de imaginar el futuro, permitían predecir el grado en el que esa acción de pensar en el futuro modulaba las funciones vinculadas a las preferencias individuales.

Los resultados de este estudio revelan que, en los sujetos examinados, imaginar vívidamente el futuro reducía la tendencia a escoger de manera impulsiva la recompensa inmediata. Los datos obtenidos sugieren que la corteza cingulada anterior, con arreglo a predicciones episódicas involucrando al hipocampo, sustenta el ajuste dinámico de las funciones asociadas a las preferencias que nos capacitan para hacer elecciones que maximizan los beneficios futuros.

Scitech News