lunes, 6 de diciembre de 2010

NO ESTA CLARO QUE HAYA DIFERENCIAS CEREBRALES SIGNIFICATIVAS ENTRE EL HOMBRE Y LA MUJER

Psicología
Martes, 30 de Noviembre de 2010 10:25

A la gente le encanta especular sobre las diferencias entre los sexos, y la neurociencia ha incorporado una nueva tecnología para este pasatiempo. Los estudios basados en escaneos cerebrales se publican con gran profusión, al igual que las hipótesis sobre algunas diferencias entre los sexos en cuanto a la estructura del cerebro o a los patrones de actividad neuronal. Sin embargo, deberíamos mostrar escepticismo ante los informes que versan sobre el alcance de esas diferencias, advierte la psicóloga Cordelia Fine de la Universidad Macquarie en Australia, quien ha examinado detalladamente el tema.

Los resultados de esos estudios que parecen demostrar supuestas diferencias estructurales cerebrales entre hombres y mujeres no son necesariamente capaces de seguir pareciendo creíbles cuando se les pone a prueba frente a muestras más amplias de población, o bajo técnicas de análisis mejoradas. Además, es demasiado precipitado asumir que dichos resultados estructurales, incluso si fueran fiables, implican tal o cual diferencia entre la mente masculina y la femenina en cuanto a capacidades intelectuales.

Las librerías están llenas de libros de divulgación que versan sobre las diferencias entre el cerebro masculino y el femenino. El interés de Fine por el tema surgió inicialmente desde su preocupación como madre por la educación de los hijos. Estaba leyendo un libro acerca de cómo las diferencias cerebrales entre niños y niñas justifican que se les deba enseñar de maneras distintas. Como académica, sintió curiosidad por la línea de investigación en la que se basaban estas afirmaciones, y buscó los estudios originales.

"Había grandes diferencias entre lo que mostraban los estudios de neuroimaginología y las conclusiones y afirmaciones elaboradas a partir de ellos", denuncia Fine. En el artículo que ha publicado y en su nuevo libro, "Delusions of Gender", Fine disecciona las formas en que una investigación puede descarriarse en el camino que va desde el escáner neurológico hasta el titular en una revista.

Algunos de los problemas comienzan con la propia investigación. Los estudios que Fine encontró, a menudo se llevaron a cabo sobre una pequeña cantidad de hombres y mujeres, donde las diferencias observadas podrían deberse al azar.

En su búsqueda de diferencias intelectuales atribuibles a la diferencia de sexo, algunos investigadores pueden hallar por casualidad diferencias estadísticamente significativas entre los dos grupos. Esto puede suceder aún cuando no exista ninguna diferencia real entre hombres y mujeres atribuible únicamente a su distinto sexo.

Este riesgo de los resultados engañosos, que pueden sugerir cosas que en realidad no existen, suele estar bien asumido por los neurocientíficos que realizan la investigación, porque saben que un estudio con veinte y tantos participantes en el que se descubre una pequeña diferencia cerebral entre hombres y mujeres no puede ser la palabra final sobre esta cuestión. Sin embargo, a menudo, estas diferencias sutiles y cuestionables son magnificadas por los escritores populares, advierte Fine.

Otro problema es la interpretación de las diferencias entre el cerebro masculino y el femenino. Los neurocientíficos apenas están empezando a entender cómo la actividad neuronal origina fenómenos psicológicos complejos. La tentación en la que suelen caer muchos escritores populares es la de utilizar estereotipos de género para rellenar las lagunas en el conocimiento científico sobre el intelecto humano.

El hecho de que los estudios de neuroimaginología utilicen máquinas complejas y caras, que a ojos de la gente profana parecen tomar fotografías plenamente definibles como tales del interior del cerebro, también puede hacer que sus resultados parezcan más reales, fiables, incuestionables e impresionantes, que los estudios centrados sólo en la observación de la conducta humana.

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