sábado, 26 de febrero de 2011

El efecto del sentimiento de traición cuando un dispositivo de seguridad entraña riesgos

Un nuevo estudio explora las razones por las que tendemos a sentir rechazo hacia dispositivos que aumentan la seguridad pero que al mismo tiempo añaden un pequeño riesgo, y por qué ante tal situación preferimos un dispositivo que nos protege menos pero que nunca nos hará daño, a uno que nos protege más pero que podría llegar a hacérnoslo, aún cuando el beneficio neto de este segundo sea superior al del primero.

Recurrimos al airbag, a los detectores de humo y a las vacunas, para gozar de una mayor seguridad. Desafortunadamente, las vacunas a veces provocan efectos secundarios graves, y los airbags en ocasiones pueden provocar lesiones e incluso matar a la persona a la que debían proteger. Pero sólo porque estos dispositivos no sean perfectos eso no significa que debamos rechazarlos a ultranza.

Andrew D. Gershoff (Universidad de Texas en Austin) y Johnathan J. Koehler (Universidad del Noroeste, Estados Unidos) han descubierto que las personas nos sentimos traicionadas cuando nos enteramos de los riesgos relacionados con los productos de seguridad en los que debemos depositar nuestra confianza. Entonces, nuestras emociones interfieren en el proceso de toma racional de decisiones.

Los investigadores estudiaron el “efecto traición” observando las reacciones de los sujetos de estudio ante el ejemplo de los airbags. Pidieron a esas personas que escogieran entre dos automóviles. Uno estaba equipado con un airbag que era menos capaz de salvar la vida del usuario en caso de un accidente grave. El otro automóvil tenía un airbag más capaz de salvar la vida del usuario, pero que también tenía una pequeña oportunidad de causar su muerte debido a la gran fuerza con la que se desplegaba.

La mayoría de los participantes rechazó el airbag que tenía la pequeña oportunidad de dañarles, pese a que al hacerlo estaban aceptando una oportunidad mucho más grande de sufrir daños graves en un accidente.

Lo desvelado por esta investigación muestra que las personas experimentamos potentes reacciones emocionales cuando un dispositivo cuya misión es protegernos resulta tener un cierto potencial de dañarnos, por pequeño que sea éste, y por más que esté compensado por su capacidad protectora. Así, más que sopesar los pros y los contras, tendemos a rechazar por completo un dispositivo de seguridad capaz de generar riesgos, incluso si esta decisión nos lleva a aceptar un grado de riesgo neto mayor que el derivado de dejarnos proteger por el dispositivo "traidor".

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