sábado, 26 de febrero de 2011

Gesticular ejerce una influencia subliminal sobre algunas tareas manuales

Algunas veces es casi imposible hablar sin usar las manos. Estos gestos proporcionan pistas visuales a nuestros interlocutores y, según sugiere una nueva teoría, pueden incluso modificar nuestros propios pensamientos.

Las investigadoras Sian Beilock y Susan Goldin-Meadow de la Universidad de Chicago diseñaron un estudio para analizar cómo los gestos propios afectan al pensamiento de quien los hace.

Para el estudio, Beilock y Goldin-Meadow pidieron a los voluntarios que encontrasen la solución a un problema conocido como la Torre de Hanoi. Es un juego en el que hay que mover discos apilados de una estaca a otra. Después de terminar la prueba, los voluntarios fueron llevados a otra habitación y se les pidió que explicaran cómo lo habían logrado. Es casi imposible explicarlo sin usar las manos.

A continuación, los voluntarios hicieron la tarea nuevamente. Pero esta vez había un truco: para algunas personas, se había cambiado secretamente el peso de los discos, de modo que el disco más pequeño, que antes era lo bastante liviano como para poderlo mover con una mano, ahora necesitaba de las dos manos.

Las personas que habían usado una mano en sus gestos al hablar sobre cómo mover el disco pequeño tuvieron dificultades cuando ese disco se hizo más pesado. Les llevó más tiempo completar la tarea en comparación con las personas que usaron las dos manos en sus gestos; y cuantos más gestos con una sola mano hicieron, más tiempo tardaron. Esto sugiere, según las autoras del estudio, que el modo en que se gesticula afecta a cómo se piensa luego.

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