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lunes, 7 de febrero de 2011

EL TRASFONDO PSICOLOGICO DE PAGAR MUCHO DINERO PARA VIVIR UNA AVENTURA

Psicología
Miércoles, 26 de Enero de 2011 09:21

Algunos aventureros se gastan más de 50.000 dólares para escalar el Monte Everest. Un nuevo estudio ha desvelado que las personas que pagan por estas experiencias transformadoras, a menudo carecen del espíritu de colaboración y compañerismo que por lo general va unido a esas actividades.

Con el fin de escapar de las normas y las tensiones de la vida cotidiana en la ciudad, muchas personas buscan nuevas experiencias liberadoras que vuelvan trascendental su existencia normalmente aburrida y burocrática, tal como nos recuerdan Gülnur Tumbat (Universidad Estatal de San Francisco) y Russell W. Belk (Universidad de Nueva York). Sin embargo, parece que la competitividad y los conflictos subyacen en sus anhelos, incluyendo los de vivir aventuras como subir a la cima del mundo.

Los autores del nuevo estudio llevaron a cabo un análisis etnográfico sobre la comercialización de las expediciones para escalar el Everest, planteada como turismo de aventura, en el cual el cliente paga por vivir la experiencia.

Los investigadores descubrieron en estos escaladores que pagan por su aventura una tendencia a disputarse los cargos dentro del equipo de expedición en vez de cooperar en un ambiente grupal. Para muchos de ellos, el contacto con sus compañeros de expedición no es más que un compañerismo forzado, lejos de cualquier espíritu cooperativo real, según explican los autores del estudio, quienes también afirman que se desata una especie de confrontación entre el poder del dinero por un lado, y la habilidad y la experiencia personales por otro. Los escaladores que pagan por su aventura consideran que ellos se merecen más alcanzar la cumbre de la montaña que sus compañeros más expertos pero que no han pagado por ella.

Los autores del estudio descubrieron que los escaladores que compraban sus aventuras se centraban en sus logros individuales y en presumir de sus posiciones exclusivas (por ejemplo, ser la primera mujer británica en escalar el Everest). "Lo que encontramos en el contexto del Monte Everest es el individualismo, la competitividad, la contradicción, y la búsqueda del poder a través de experiencias extremas adquiridas sobre la base de lo que hoy se conoce como economía de la experiencia", explican los investigadores.

"Nuestro estudio demuestra que las experiencias extraordinarias, cuando se consiguen comprándolas, pueden significar la destrucción de los sentimientos de camaradería, y el reforzamiento de un enfoque individualista y un espíritu competitivo, con lo que la actitud pasa a ser la de "Yo, el escalador, soy el único que importa", concluyen los autores de la investigación.

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