sábado, 5 de junio de 2010

¿Por qué cooperamos?

¿Qué nos hace humanos, lo que nos distingue de otras especies, qué rasgos compartimos con nuestros parientes más cercanos? Desde que Darwin introdujo la idea de continuidad en su teoría de la evolución, nosotros, los homoanimales nos hemos obsesionado con la cuestión de cómo nos distinguimos de las demás especies.

En la posguerra de los pasados ’50, nos auto-definimos como el “homo faber“: “El hombre fabricante de herramientas“, sin embargo en los ’60 descubrimos gracias a Jane Goodall, que los chimpancés usaban palos para pescar termitas y todo eso. Más recientemente, la cuestión de la cultura entró en el centro de la escena y tratamos de distinguirnos por nuestra riqueza cultural de aquellas especies que no la tienen. Nuestra capacidad de pensar, nuestra cognición, nuestra capacidad de aprendizaje social y de comunicación simbólica se tornaron en los aspectos diferenciadores de nuestra condición humana.

En su libro ¿Por qué cooperamos?, Michael Tomasello y sus colegas, exploran el pensamiento socio-cognitivo que constituye la base de la socialización humana, incluida la creación de artefactos culturales e instituciones sociales. El mensaje clave que Tomasello intenta inculcarnos es que nosotros, los seres humanos somos fundamentalmente cooperantes, actitud que según él queda evidenciada ya desde que somos infantes. Es esa disposición que ellos tienen a proporcionar información, ayudar y compartir las cosas el origen de nuestra tendencia a cooperar. Sin embargo, la erosión de esa conducta con el pasar de la vida y las frustraciones que nos lesionan, da lugar a una experiencia que daña la benevolencia. Con todo, para Tomasello esa actitud que caracteríza a los niños es precisamente el atributo que nos diferencia de nuestros parientes más cercanos de vida: los grandes simios.

El interés en la evolución de la cooperación y el altruismo y la proposición de que las personas se preocupan por el bienestar de los demás son el testimonio del cambio fundamental de paradigma en la concepción actual de la evolución del comportamiento social. No podemos negar que la conectividad que nos facilitaron las redes de comunicación y los medios sociales desataron el deseo atávico por compartir, cooperar y brindarse al otro, como forma de auto-afirmación. He llamado a esa actitud como comportamiento “alocéntrico” como una forma de contraponerla al egocentrismo hasta hoy (todavía) imperante.

Los primeros estudios neo-darwinistas sobre el comportamiento social intentaron mostrarnos a nosotros, los individuos como manipuladores que nos beneficiábamos influenciando y modificando el comportamiento de los demás. Sin embargo y con los años, ha quedado claro que esta visión no abarca muchas de las complejidades de la vida humana en sociedad.

Tomasello siendo co-director en el Instituto Max Planck para la Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania y estando a la cabeza del Departamento de Psicología del desarrollo y psicología comparada ha realizado durante años una extensa investigación comparando el comportamiento de primates superiores y niños y confirmado, lo que queda expresado en el libro, la tendencia cooperativa a ayudar y colaborar de estos últimos.

En el libro participan también otros autores, como Joan Silk que pone de manifiesto la importancia de la aproximación transdisciplinaria y del uso de la la teoría de juegos como herramienta de utilidad para evaluar escenarios evolutivos, Carol Dweck, una psicóloga del desarrollo examina críticamente la idea de que los bebes de un año son pequeños salvajes. El filósofo de la ciencia, Brian Skyrms nos presenta una cantidad de casos en los que la cooperación evolucionó en la naturaleza sin necesidad de una “mente consciente“. Estos ejemplos, pueden servir para identificar cuáles son los requisitos mínimos y los contextos que nos permiten alcanzar comportamientos cooperativos. Elizabeth Spelke, una psicologa del desarrollo sugiere hay una suerte de conocimiento nuclear o “core knowledge” acerca de las propiedades del mundo físico y social que compartimos todas las culturas y sugiere que es el lenguaje el medio a través del cual los niños aprenden a relacionarse con las diferentes formas representacionales y a combinarlas.

Según Tomasello y comparandonos con los primates superiores, nuestras motivaciones y habilidades se orientaron a ayudar y compartir cuando nuestros ancestros comenzaron a cazar en forma cooperativa. La conclusión fundamental del texto, sin embargo, es que la cooperación y la competencia dependen o se interrelacionan entre sí y son casualmente la conformidad y los marcadores de la pertenencia al grupo los ingredientes más importantes de la evolución de nuestro comportamiento social humano.

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