lunes, 20 de julio de 2009

La música, un gran provocador de estados emocionales

José Luis Díaz Gómez, especialista en las bases biológicas y cerebrales de la mente y comportamiento imparte magna conferencia

Aunque no se sabe a ciencia cierta por qué y cómo la música provoca en el escucha intensos efectos emocionales, no se puede negar que existe una correlación innegable que incluso puede remontarse hasta los orígenes del lenguaje en el hombre.

Esta fue una de las reflexiones compartidas por el médico José Luis Díaz Gómez, experto en el tema de las bases biológicas y cerebrales de la mente y el comportamiento. Un hombre que ha invertido muchos años de investigación apoyado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Lo mismo se ha especializado en la neuroquímica y la psicofarmacología, que en el problema del cuerpo, la conciencia, la ciencia cognitiva y la epistemología.

Neurobiología de la emoción musical. Un problema de Neuroestética fue el título de la conferencia magistral que el especialista ofreció en el Aula Magna José Vasconcelos del Centro Nacional de las Artes, donde se está llevando a cabo el Encuentro Internacional Arte y Ciencias 2009.

Para quien es investigador de tiempo completo de la máxima casa de estudios es fundamental detectar cinco aspectos que permiten comprender el término de música y sus efectos: los físicos (vibración, resonancia), fisiológicos (audición, representación cerebral), conductuales (ejecución, digitación), mentales (percepción, cognición, emoción), y representación cerebral.

Una vez teniendo claros estos conceptos se puede entrar al gran debate de por qué hacemos y escuchamos música. Para comenzar, consideró oportuno mencionar algunas teorías referentes el tema, como la del filósofo Arthur Schopenhauer (1788-1860), quien sugiere que las emociones constituyen la semántica de la música y que la música encarna la emoción.

Otra idea relevante ha sido la de la filósofa Susanne Langer (1953) quien argumentó a favor de la semántica emocional de la música. Entre otras cosas decía que la música es la formulación y representación de emociones, estados de ánimo, tensiones y resoluciones mentales.

Una opinión más reciente, la de Diana Raffman (1993) asegura que tenemos emociones musicales debido a que la música genera representaciones de gramática, pero tales emociones no son el contenido de la música, pues la representación no es denotativa sino connotativa.

Aproximaciones significativas

Díaz Gómez, quien es autor de libros como Psicología y conducta. Rutas de una indagación y La conciencia viviente, comenta que hasta el momento no existe un sistema o una técnica que revele con suficiente fidelidad los procesos y estados emocionales provocados por la música, pero hay experimentos que han contribuido a fortalecer la idea de la emoción musical como problema científico.

“No se sabe por qué y cómo la música provoca en el escucha intensos efectos emocionales en ausencia de contenidos, pero hay una hipótesis que señala que debe existir una correspondencia entre las estructuras espaciotemporales de la música, la expresión conductual el procesamiento espacio temporal de la información en el sistema mente/cerebro”.

Desde su punto de vista, el entendimiento de la emoción musical depende del desarrollo de métodos adecuados para registrar y analizar la emoción musical. Lo anterior no significa que desmerite los esfuerzos que se han hecho desde el pasado para descifrar este fenómeno tan complejo.

Varios son los experimentos que se han realizado en torno a este tema, tanto en nuestro país como a nivel internacional. Díaz Gómez compartió algunos muy significativos.

Uno de ellos es el propuesto por Kate Hevner (1936), quien reunió a un grupo de personas para que escucharan una serie de composiciones diversas. Después de oírlas tenían que ser descritas por una serie de adjetivos que describen estados emocionales, desde los más positivos hasta los más negativos.

Algunas de las emociones más tradicionales en este tipo de experimentos están divididas en agradables y desagradables. En las primeras se encuentran el vigor, la satisfacción, la altivez, la tranquilidad, el placer, la sorpresa, el alivio, el deseo, el amor, la calma, el valor, la alegría, el entusiasmo, el vigor, la diversión y la certeza.

En las desagradables sobresalen el odio, la ira, la tristeza, la apatía, la frustración, el miedo, el dolor, la aversión, el aburrimiento, la tensión, la duda, el odio, la humillación, la frustración y el agotamiento.

Otros estudios han mostrado que los modos musicales mayores y los tiempos rápidos producen emociones de alegría, en tanto los modos menores y tiempos lentos producen tristeza. Sin embargo, son datos que pueden variar, ya que el impacto emocional de la música depende de la modulación, el ritmo, la armonía, la melodía y de las variaciones en la historia de la escucha, explica el especialista.

Algunas de las hipótesis que han surgido de este tipo de investigaciones –apunta el neurobiólogo-, son que la música constituye un tipo de lenguaje acústico que se ha diferenciado evolutiva y culturalmente para la expresión y comunicación de estados emocionales.

La ponencia terminó con una reflexión final de Díaz Gómez: “Seguramente los hombres primitivos posiblemente comenzaron a encontrar una forma de comunicación en donde el gesto conductual, la voz y el contenido semántico empezaron a empatarse para lograr comunicar cosas. Es decir, el lenguaje y la música nacieron juntos y siguen juntos”.

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