domingo, 28 de febrero de 2010


Consecuencias letales del negacionismo

No salgo todavía de mi asombro por el estudio que anoche cayó en mis manos…

Siempre han existido diferentes tipos de negacionismo y teorías conspirativas posicionándose en contra del consenso científico: la llegada del hombre a la Luna fue un montaje, los humanos no tenemos nada que ver con el cambio climático, el tabaco no provoca cáncer…

Uno de los casos más escandalosos fue –todavía hay grupos minoritarios que así lo creen- la negación de que el virus HIV fuera la causa del SIDA. “¡Es una invención de las farmacéuticas!”, decían unos pocos listos tomándonos al resto por marionetas. “Hay científicos que así lo afirman”, argumentaban apoyándose en un reducidísimo número de investigadores con ganas de notoriedad entre los que, efectivamente, había incluso un premio Nobel. “Los medicamentos son perjudiciales”, afirmaban saltándose los resultados de ensayos clínicos con total impunidad.

La verdad, nunca les había otorgado demasiada importancia, hasta este estremecedor estudio de la Harvard School of Public Health: si entre el año 2000 y el 2005 el gobierno de Sudáfrica hubiera aceptado las ayudas y fármacos que se le daban gratis en lugar de rechazarlos argumentando que eran ineficientes contra el SIDA, se hubieran salvado 330.000 vidas humanas.

Impresionante.

En el fondo es sólo poner números a una realidad ya conocida y denunciada ampliamente durante años por multitud de organizaciones. Pero las cifras impactan.

Los autores del estudio explican que en 1999 el presidente Thabo Mbeki decidió no aceptar los fármacos ZDV y AZT como tratamiento del SIDA y contra la transmisión del virus de madres infectadas a hijos. Argumentó que eran tóxicos e ineficientes contra una enfermedad que no era causada por el HIV. Mientras su ministra de salud defendía el uso de ajo, limón y ciertos vegetales.

En esos momentos la comunidad científica ya había demostrado sobradamente la relación entre virus y enfermedad y la eficacia de los antirretrovirales. Sólo un puñado de científicos -el artículo cita textualmente a Peter Duesberg- alimentaban su fama negando que el HIV fuera el causante del SIDA. Algunos de ellos formaban parte del panel de expertos que asesoraba al gobierno de Mbeki.

Los investigadores de Harvard hicieron una estimación de cuantas personas habrían recibido tratamiento entre 2000 y 2005 si el gobierno sudafricano no se hubiera opuesto, y calcularon que se habrían evitado 35.000 nacimientos de bebés ya infectados, y salvado 330.000 personas con un equivalente total de 2,2 millones de años de vida perdidos.

No es nuevo. Pero hay momentos en que merece la pena recordar las consecuencias de dar la espalda a la ciencia, y lo peligroso de seguir unas posturas negacionistas que transforman el riguroso y necesario escepticismo de la ciencia en un compromiso ideológico inflexible.

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