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lunes, 9 de noviembre de 2009

El cerebro se adapta a la vista aun después de haber sido siempre ciego

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Los casos de visión recuperada después de una vida a ciegas, aunque raros, proveen una oportunidad única para tratar de responder varias preguntas fundamentales sobre la función cerebral. Después de haber vivido en la oscuridad durante años, sin haber conocido nunca la luz por tratarse de una ceguera de nacimiento, el cerebro necesita aprender a percibir y procesar el nuevo torrente de información visual cuando la persona adquiere el sentido de la vista. Se sabe muy poco acerca de cómo se logra este aprendizaje, pero un nuevo estudio de neurocientíficos del MIT sugiere que la información dinámica, es decir, la percepción de objetos en movimiento, es crítica.

En la mayoría de las naciones desarrolladas, los bebés con ceguera curable son tratados a las pocas semanas de su nacimiento. Sin embargo, en las naciones en vías de desarrollo, como la India, abundan los casos de niños nacidos con formas curables de ceguera que se quedan sin tratamiento por falta de recursos médicos o financieros. Estos niños tienen grandes probabilidades de mortalidad prematura, analfabetismo y desempleo. Los médicos dudan de aplicarles el tratamiento a personas mayores por el dogma convencional de que el cerebro es incapaz de aprender a ver después de los 5 ó 6 años de edad.

El profesor de ciencias cognitivas y cerebrales del MIT, Pawan Sinha, a través de su fundación humanitaria, Proyecto Prakash (del sánscrito “luz”), ha tratado y estudiado a varios de tales pacientes durante los últimos cinco años. El Proyecto Prakash sirve tanto para devolver la vista a los niños ciegos como para aclarar varias cuestiones fundamentales de las neurociencias.

Los nuevos descubrimientos del equipo de Sinha aportan pistas acerca de cómo aprende el cerebro a procesar los estímulos visuales. Estos hallazgos no sólo ratifican que tratar la ceguera en niños mayores y en adultos sí es eficaz, sino que también permiten conocer mejor el sistema visual humano, perfeccionar el diagnóstico de ciertos trastornos visuales, crear procedimientos de rehabilitación y hasta desarrollar ordenadores capaces de captar y procesar imágenes de un modo parecido al del cerebro humano.

Uno de los pacientes estudiados, que adquirió la visión a los 29 años de edad, al ser curado de una inusual enfermedad congénita, al principio de su proceso de adaptación cerebral a la visión podía identificar algunas formas, como por ejemplo triángulos y cuadrados. Si aparecían una al lado de otra, pero separadas, no tenía problema en distinguirlas. Pero cuando estaban solapadas no lograba identificarlas. Su cerebro era incapaz de distinguir los contornos de una forma completa; en su lugar, consideraba cada fragmento como una forma independiente de las demás.

Sin embargo, si un cuadrado o un triángulo estaban en movimiento, este paciente y otros dos estudiados los podían identificar mucho más fácilmente. Ante objetos en movimiento, sus tasas de éxito pasaban de cerca de cero a alrededor de un 75 por ciento.

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