lunes, 2 de noviembre de 2009

El miedo es un placer

Los científicos argumentan la afición al terror: activa la parte del cerebro que se enciende con la satisfacción

La particular versión de Homer Simpson del cuadro de Munch ´El grito´.


Está siendo un puente de lo más ´terrorífico´. A pesar de que la Iglesia Católica ha condenado la actual pujanza de la fiesta de Halloween en nuestro país, por su naturaleza "pagana" y de "celebración de la muerte", lo cierto es que cada vez más se apuntan al carro de la celebración: se ha convertido en un reclamo hostelero, en el argumento que esgrimen los niños para no acostarse pronto aunque sea por una noche, en la excusa para un programa doble de películas de terror en las parrillas de las cadenas de televisión... Precisamente, dicen los obispos españoles, Hollywood ha sido el principal difusor de Halloween entre nuestras fronteras. Y es que no muchos pueden resistirse a pasar miedo delante de una pantalla. Pero, ¿por qué, siendo el miedo una sensación desagradable?
Los científicos lo tienen cada vez más claro: la zona del cerebro que se activa cuando vemos una película de terror es la misma que se enciende con una experiencia placentera. En este sentido, un grupo de investigadores de la Universidad de California y de Florida ha concluido que los sentimientos relacionados con el miedo son captados por el área cerebral encargada de procesar las emociones primarias –la responsable, por ejemplo, de alertarnos del peligro– pero también la información llega hasta la corteza prefrontal, que procesa los pensamientos más sofisticados y complejos y la que nos lleva a evaluar la alerta y, en el caso de una película de terror, a zanjar la cuestión con el clásico "Es sólo cine". En suma, el placer de contemplar una cinta tipo ´Saw´, ´Viernes 13´, ´Pesadilla en Elm Street´ y derivados es el de tener miedo sabiendo que saldremos ilesos.
Aunque también está el instinto humanísimo pero casi perdido –gracias a un proceso de civilización cada vez más aguzado– de explorar el límite de nuestras posibilidades y capacidades, el atractivo de subirnos a una noria o de hacer puenting. Asimismo, para algunos especialistas la experiencia de sentarse a sufrir mientras una jovencita escapa de un alocado portador de una sierra mecánica puede ser hasta educativa. Óscar Vilarroya, neurocientífico de la Universidad Autónoma de Barcelona, comentó en un reciente Festival de Sitges –certamen dedicado por entero al celuloide bizarro, fantástico y de horror–: "Tras quemarnos aprendemos a temer el fuego. Cuando vemos una película terrorífica activamos los circuitos cerebrales de aprendizaje pero sabiendo que no vamos a sufrir".
La cuestión no es en absoluto nueva. Tras el pavoroso crack del 29, EEUU vivió la primera era dorada del cine de terror, con los inicios de las franquicias de Drácula, Frankenstein y derivados gracias a los Estudios Universal. Entonces, algunos psicólogos se hicieron la misma pregunta: "¿Por qué nos gustan las películas de terror?". Llegaron a diversas teorías pero la más plausible relaciona la crisis de la época con el deseo de evasión a través de temores más pavorosos que la propia realidad.
Asumiendo, por tanto, que siempre sentiremos terror –y disfrutaremos con él–, afirman los expertos cinematográficos que se puede conocer a la sociedad de una época a través de sus miedos. Saquen sus propias conclusiones al ponerse delante de una cinta de horror: cuando vean una película japonesa tipo ´The Ring´ (o su remake estadounidense), fíjense en por qué sus protagonistas son siempre seres solitarios o miembros de familias desestructuradas en grandes urbes; pregúntense si, en plena época de noticias sobre menores violentos, es coincidencia que en el último año al menos tres películas –´Joshua´, ´La huérfana´ y ´The children´– tengan como villanos a varios púberes calculadores y sin escrúpulos; noten cómo en unos tiempos cada vez más laicos el protagonismo de Satán y demonios haya decaído hasta su práctica extinción fílmica, o cuántos ejemplos recientes hay, en esta sociedad de la depresión psicológica y la automedicación, de filmes sobre la paranoia y el aislamiento... El terror nos satisface pero también nos retrata.

Las películas más terroríficas

La prestigiosa web totalscifionline.com ha publicado este año su ránking de las películas más terroríficas de la historia. La triunfadora, ´El resplandor´, "un estudio sin precedentes acerca del aislamiento, la locura y la paranoia", según los expertos de la página. ´Alien´, ´La semilla del diablo´, ´La noche de los muertos vivientes´, ´Psicosis´, ´Tiburón´, ´Halloween´ y ´La matanza de Texas´ completan el podio.

Los directores españoles, en boga

Jaume Collet Serra (´La huérfana´), los Pastor (´Infectados´), J.A. Bayona (´El orfanato´), Fresnadillo (´28 semanas después´)... Son algunos directores españoles que han hecho fortuna con los gritos, pero en inglés. "Al revés que el mercado anglosajón, en España no tenemos tradición de historias de fantasmas. Tenemos que inventar nuestras propias formas de discutir el tabú", dice Bayona.

Vampiros, la moda que no cesa

No hablamos de terror necesariamente cuando hablamos de vampiros, pero los chupasangres son la moda catódico-cinematográfica del momento: la saga ´Crepúsculo´ (vertiente romántica: ´Romeo y Julieta´ con colmillos), la serie ´True Blood´... Hasta la cadena chilena TVN va a estrenar una teleserie vampírica en horario nocturno y Antena 3 prepara su propia ´tv movie´ ´vampiguay´.

El espectáculo de la sangre y el sadismo

La clasificación X de ´Saw VI´ (más información en la página siguiente) y la aceptación del ´gore´ (violencia gráfica, explícita) como un elemento ´mainstream´ más (hasta en la popular serie ´C.S.I.´ hay dosis leves) prueban que en la actualidad el terror es, sobre todo, algo físico. ¿Tendrá que ver con lo preponderante del ´look´, del culto al cuerpo y la despreocupación por lo ultraterreno?

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