lunes, 24 de agosto de 2009

Memoria: hallan mecanismos clave


Olvidar aquello que nos ha lastimado, cerrarles el camino a esos recuerdos que vuelven muy a pesar nuestro; recordar sí lo grato, esas vivencias que queremos que nos acompañen de por vida. No es tan fácil, no siempre resulta así: los recuerdos traumáticos tienden a volver, una y otra vez, mientras que muchas veces lo bueno pero cotidiano tiende a diluirse en el tiempo transcurrido.

Pero, ¿cuáles son los mecanismos que determinan la persistencia de un recuerdo? ¿Cómo el cerebro elige cuáles son las vivencias que permanecerán en la memoria? Eso es lo que un equipo de investigadores argentinos y brasileños ha descubierto, lo que abre las puertas para el desarrollo de futuros tratamientos de trastornos tan disímiles como el estrés postraumático o la enfermedad de Alzheimer.

"Durante los últimos cuarenta años, fueron muchos los estudios que se realizaron en torno a los mecanismos de formación de la memoria; sin embargo, nadie estudió cuál era el mecanismo por el cual los recuerdos perduraban", dijo a LA NACION el doctor Jorge Medina, investigador superior del Conicet y profesor titular de fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

"La persistencia es la clave de la memoria, sin ella no hay memoria: los recuerdos son recuerdos sólo si duran", agregó Medina, que desde 2005 integra un equipo de investigación argentino-brasilero que ha sido pionero en el estudio de la persistencia de la memoria, y cuyo más reciente hallazgo acaba de ser publicado por la revista Science.

Allí, Medina y sus colegas describen, a partir de experimentos realizados en ratas, no sólo los mecanismos cerebrales que permiten a los recuerdos o bien perpetuarse en nuestra memoria o bien desvanecerse en cuestión de días, sino también potenciales blancos para futuros tratamientos que apunten a borrar recuerdos traumáticos o, por el contrario, a darles una pátina de durabilidad.

La llave del olvido

En estudios previos, cuyos resultados fueron publicados en revistas científicas como Neuron o Proceedings of the National Academy of Sciences , Medina y sus colegas demostraron la existencia de una nueva fase de la memoria -apodada "fase de persistencia"-, que es la que debe atravesar todo recuerdo para lograr persistir en el largo plazo.

"Lo que restaba saber era quién controla ese mecanismo que tiene lugar en el hipocampo -contó el investigador-. Lo que demostramos y publicamos en Science es que es la dopamina la que activa en el cerebro esta fase de persistencia, y que permite que un recuerdo dure o no."

Los investigadores -los otros autores del estudio son Janine Rossato, Lía Bevilaqua, Iván Izquierdo y Martín Cammarota- llegaron a esa conclusión tras realizar estudios en ratas, en las que manipularon los caminos de la dopamina.

"Hallamos que el núcleo que da origen a la inervación dopaminérgica en el hipocampo es una región del cerebro llamada área tegmental ventral: ese sector se activa en el momento del aprendizaje y, diez a doce horas después, activa al hipocampo para que libere las proteínas que hacen que las memorias duren."

De los experimentos, surge un dato para nada menor, que es que existe una ventana temporal dentro de la cual es posible torcer el destino de los recuerdos. "Podemos convertir una memoria que dura en una que no dura, y viceversa -dijo Medina-. Podemos manipular la duración de nuestras memorias."

De hecho, eso fue lo que hicieron con las ratas en el laboratorio: al manipular el sistema dopaminérgico, por ejemplo, les hicieron olvidar qué lugar del recinto en el que eran alojadas les daba descargas eléctricas.

Las potenciales aplicaciones terapéuticas del conocimiento que arroja esta investigación son enormes: desde el tratamiento del estrés postraumático hasta revertir los problemas de memoria naturalmente asociados al envejecimiento, entre otros. Actualmente, Medina y sus colegas trabajan en dos líneas de investigación en pos de posibles tratamientos para "borrar" los recuerdos traumáticos.

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