lunes, 31 de agosto de 2009

Neurociencias cognitivas y el otro inconsciente


"Creo que podemos decir que los discernimientos de Freud sobre la naturaleza de la conciencia concuerdan con
los puntos de vista más avanzados de la neurociencia contemporánea."
Antonio Damasio 1999.

El epígrafe sorprenderá a todos los que proponen que el psicoanálisis es una teoría caduca y una práctica clínica obsoleta a causa del progreso de las neurociencias y de la psicología cognitiva. Parece irónico que Antonio Damasio, uno de los más prominentes neurocientíficos de la actualidad nos invite a revisitar la obra de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis.

Aparentemente, con la declinación del conductismo en Norteamérica a partir de 1960, con los importantes descubrimientos en neurociencias y con el surgimiento de las llamadas ciencias cognitivas, sostenidas en la cibernética, la teoría general de los sistemas, la informática, la lingüística, la filosofía de la mente y los descubrimientos en neurociencias de los últimos veinte años, algunos neurocientíficos actuales están mejor dispuestos a reconsiderar el valor de los escritos freudianos.

Estas nuevas lecturas de Freud por parte de los investigadores no psicoanalistas han dado lugar a una gran cantidad de proyectos y de textos buscando articulaciones entre las dos disciplinas. El entusiasmo ha llevado a algunos a hablar de un "Neuropsicoanálisis" y a fundar una Asociación Internacional Neuropsicoanalítica en el 2001. Otros, como Eric Kandel, neurocientífico y Premio Nobel de Medicina, aunque conceden cierto valor al psicoanálisis, proponen que la psicología que conviene al carácter científico de su disciplina es la psicología cognitiva, y por ello proponen hablar de Neurociencia Cognitiva, NC, nominación y abreviatura que usaremos en este texto.

Sin embargo, si se lee los textos neuropsicoanalíticos -y hay algunos muy atractivos e interesantes- es evidente que la revalorización de las propuestas freudianas no equivale a la aceptación del inconsciente freudiano y lacaniano y de los conceptos fundamentales del psicoanálisis. Después de todo, un Neuropsicoanálisis no es el Psicoanálisis.

La NC desarrolla la mayor parte de sus observaciones y teorizaciones alrededor del tema de la conciencia, retomado y remozado desde comienzos de los años 80. Sin embargo, aunque de un modo marginal, los investigadores en estas disciplinas deben admitir la existencia de procesos mentales inconscientes, para decirlo en términos cognitivos. Esta reconsideración de lo inconsciente les ha sido impuesta por la clínica, por sus observaciones experimentales y por sus elaboraciones lógicas y conceptuales. Vamos a ilustrarlo con tres reflexiones:

El asunto de la informática. Los expertos en informática de la NC han establecido que la conciencia como función mental y como experiencia fenomenológica de "aquí y ahora" es un proceso que maneja una cantidad muy limitada de unidades de información en cada segundo, desde 1 hasta 16 bits, según Gerald Edelman, neurocientífico Premio Nobel y versado en informática y filosofía de la mente. Para los neurocientíficos resulta casi inevitable admitir que la mayor parte de los procesos mentales de aprendizaje, memoria y pensamiento cursan a través de procesos de los que la conciencia no tiene ninguna noticia, y suponen el manejo de una cantidad inimaginable de bits por segundo. En este punto conviene recordar que Freud sostenía que conciencia no es sinónimo de mente, puesto que casi toda la vida mental discurre fuera de la conciencia.

El asunto de la eficacia de lo inconsciente. Se deriva de lo anterior. Los procesos mentales inconscientes se expresan de modo eficaz a través de pensamientos, afectos y actos motores y de palabra que llegan a la conciencia. Recordemos nuevamente que Freud trató el tema de la eficacia dinámica de lo inconsciente en un pequeño escrito de 1912, corolario de sus textos canónicos sobre el inconsciente freudiano, escritos entre 1899 y 1905.

El asunto de la clínica. Se articula con los dos anteriores. Hoy como en tiempos de Freud, la psicología y la clínica de la conciencia no permite una explicación satisfactoria de algunos fenómenos clínicos. Si una pretensión básica de muchas prácticas científicas es la explicación, parece que la NC no puede esquivar el asunto de lo inconsciente. Actualmente la mayor parte de los neurocientíficos como Kandel, Edelman, Damasio y Panksepp, admiten que lo inconsciente es algo más que la serie de actos motrices y automáticos que ejecutamos cotidianamente, como pensaba la neurociencia de hace 30 años.

Esta aceptación de lo inconsciente no obliga a la NC a admitir el inconsciente del psicoanálisis. Los distintos fundamentos epistemológicos de las dos prácticas, las neurociencias y el psicoanálisis, no lo permiten. En coherencia con su lógica interna, la NC debe desarrollar su propia teoría de los procesos inconscientes, distinta a la del psicoanálisis.

Las teorías acerca de lo inconsciente en la NC no son una piedra angular en su edificio teórico. El cuerpo conceptual de esta disciplina gira más bien alrededor de la conciencia, y de ella se desprenden los intentos de explicación sobre lo inconsciente. Esto es lógico. En este aspecto, la situación no es muy diferente a la que imperaba en los primeros tiempos de Freud, cuando él señalaba que en la filosofía de su época, en la psicología oficial y en la elaboración teórica de los clínicos de su tiempo, como Pierre Janet, el inconsciente era considerado como un no-consciente, o como una segunda conciencia paralela con la misma dinámica y propiedades que la conciencia oficial.

Otra consideración importante es el hecho de que la NC concibe al aparato psíquico como un sistema de procesamiento de información. Más allá de la experiencia de la conciencia como vivencia fenomenológica, su ocurrencia es en buena medida el efecto de un trabajo sobre la información. Una teoría sobre lo inconsciente en la NC, es igualmente una teoría sobre el manejo de la información, pero de características particulares en cuanto a su velocidad, amplitud y sistemas involucrados.

Con estos antecedentes, los trabajos sobre lo inconsciente en la NC giran básicamente alrededor de dos aspectos fundamentales y relacionados entre si: el asunto de la "localización" de lo inconsciente y el de los modelos funcionales.

En lo que concierne a la "localización", la NC actual ha superado el nivel del localizacionismo estrecho e ingenuo que se derivó de los trabajos pioneros de Broca y Wernicke sobre las afasias en la segunda mitad del siglo XIX. Estos dos investigadores, siguiendo el método anatomo-clínico, descubrieron un correlato en sus pacientes entre ciertas formas clínicas de afasia y lesiones muy definidas localizadas en zonas específicas de la corteza cerebral, en el hemisferio izquierdo. Había nacido el localizacionismo.

Estos descubrimientos impulsaron a otros investigadores a buscar las áreas cerebrales que controlan el funcionamiento de diversas funciones sensoriales y mentales en las décadas siguientes. Esta vía llevó posteriormente a plantear el problema en términos ingenuos y estrechos, bajo el supuesto de que había un lugar anatómico circunscrito para cada función o para cada síntoma.

No es raro que en esta lógica muchos se hayan planteado la pregunta por el lugar anatómico del inconsciente freudiano, ignorando que Freud indicó en varias ocasiones que su inconsciente no era un lugar anatómico.

Menos mal que la NC actual renunció hace algunas décadas al localizacionismo ingenuo gracias al replanteo del asunto del localizacionismo que se deriva de la teoría de los sistemas funcionales de Alexander Luria construida a partir de 1960. Esta teoría propone que la producción de las diversas funciones no es el efecto de un solo órgano o tejido en particular, sino más bien el emergente de la interacción y conexión de varios órganos y tejidos. Es verdad que una lesión de cierta extensión en la llamada área de Broca en el lóbulo frontal izquierdo, producirá invariablemente una afasia de expresión además de ciertos trastornos motores; pero la emisión del lenguaje hablado es un proceso en el que intervienen otras regiones de la corteza y del sistema nervioso, además del área de Broca.

Actualmente, ningún autor de la NC se plantea el tema de la localización del inconsciente freudiano en términos de anatomía cerebral. Cualquier propuesta se formula en términos de un sistema funcional.

El interesante libro El Universo de la Conciencia o Cómo la materia se convierte en imaginación, escrito por Gerald Edelman con la colaboración de Giulio Tononi, traducido al español en el 2002 y publicado por la Editorial Crítica de Barcelona, trae en parte una síntesis de las investigaciones y teorías de Edelman en los últimos diez o quince años. Pero la parte novedosa del texto es el permanente esfuerzo de inferencia del funcionamiento de lo inconsciente a partir de la conciencia, que recorre todo el libro y que reivindica el pensamiento de Sigmund Freud y su descubrimiento del inconsciente, al menos en la intención de Edelman.

Edelman comienza con una amplia definición de la conciencia y la presentación de su modelo de funcionamiento. La conciencia no es un lugar anatómico estático, dice, es más bien un proceso dinámico, especializado y permanentemente fluido. Para explicar este proceso propone la hipótesis del núcleo dinámico.

El núcleo dinámico es un proceso de interconexión momentánea y siempre cambiante de un grupo especializado de neuronas alrededor del eje tálamocortical, una estructura que liga ciertas regiones de la corteza con estructuras profundas del cerebro. En este eje, se establecen todo el tiempo y de modo cambiante interconexiones funcionales de distintos grupos neuronales que producen la experiencia integrada, continua y a la vez siempre cambiante, de la conciencia. No es un lugar anatómico único, no son siempre las mismas neuronas, lo que produce efecto de conciencia son las interconexiones que se establecen en ese momento. Proceso permanente, sólo interrumpido en las fases más profundas del sueño, en el coma y durante una crisis epiléptica. A partir de este modelo, resumido aquí de esta manera, Edelman desarrolla todas las propiedades de la conciencia y sus alteraciones.

A Edelman, neurocientífico brillante y buen lector de Freud (no son términos contradictorios como creen algunos), le resulta imperativo proponer una hipótesis para explicar el funcionamiento del inconsciente. La expone y la desarrolla aclarando que su esfuerzo sólo explicaría algunas propiedades del inconsciente, pero no pretende explicar la relación del inconsciente con el deseo, tal como la formula Freud y como la desarrolla Lacan, puesto que admite que el conocimiento y el marco teórico de la NC no sirven para ello.

El inconsciente es también un proceso, que discurre por diversos ejes paralelos al del núcleo dinámico, involucrando un número más amplio de estructuras que éste, desde la corteza hasta los ganglios basales y el cerebelo. En estos ejes funcionales de recorrido más largo, se producen permanentemente interconexiones que manejan una cantidad de información infinitamente superior a la de la conciencia. Este es el sistema de lo inconsciente, que está conectado con el núcleo dinámico de la conciencia a través de vías de entrada y vías de salida. De este modo, algo, una pequeña parte de lo inconsciente llega a la conciencia, y viceversa. Lo inconsciente funciona todo el tiempo, excepto en algunas fases profundas del sueño, en el coma profundo, en el episodio epiléptico y seguramente se deteriora en las demencias como la enfermedad de Alzheimer.

El modelo de Edelman le permite intentar explicar algunos fenómenos clínicos, como ciertos síntomas de las neurosis obsesivas, las crisis disociativas histéricas y algunos eventos cotidianos, especialmente cierto tipo de actos fallidos como los lapsus verbales, los de la escritura, el olvido de propósitos y los errores en la ejecución de actos. Este autor no pretende verificar la propuesta freudiana respecto a los sueños como realización de deseos, puesto que su teoría no tiene alcance para trabajar sobre el concepto del deseo en el psicoanálisis, según él mismo lo admite.

El trabajo de Edelman es muy sugestivo e interesante, aunque pone en evidencia cierto sesgo fundamental de la NC omnipresente en sus teorías sobre la conciencia y el inconsciente: la NC se ocupa fundamentalmente de la mente como procesamiento de información (conciente e inconsciente) y emisión de respuestas y su correlato neurofisiológico. Algunas categorías conceptuales fundamentales del psicoanálisis, como el deseo, el goce, la represión primordial, el complejo de Edipo, la pulsión y el sujeto del inconsciente, no conciernen a la NC en virtud de su estatuto epistemológico y su aparato conceptual. Por otra parte, el inconsciente freudiano no es un mero dispositivo de procesamiento de la información, empezando por el hecho de que la noción de la información está cuestionada en el discurso psicoanalítico.

En síntesis, el sujeto de la NC es el sujeto de la conciencia, aunque en esa disciplina haya un modelo de funcionamiento de lo inconsciente. El sujeto de la conciencia no es el sujeto del psicoanálisis.

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