lunes, 7 de septiembre de 2009

“Al hombre se lo está adiestrando y entrenando, pero no se lo educa”

El destacado sociólogo chileno advirtió sobre la actual profundización de la educación meramente instrumentalista y tecnificada, la pérdida del pensamiento crítico y de la conciencia histórica. “Hay una negación y mutilación de la naturaleza humana”, sentenció.

El Dr. Hugo Zemelman, reconocido sociólogo chileno, enarbola un discurso duro y desapasionado. Reniega de su generación (“en los años “60 nos quedamos en la utopía, y no hicimos nada de lo que predicábamos para cambiar el mundo”, dice), pero su preocupación mayor está en los horizontes del presente, en lo que él considera la disolución de las capacidades cognitivas, emocionales y simbólicas del hombre moderno: “Asistimos a una completa negación, a una mutilación de la naturaleza humana. Porque perdemos la conciencia sobre nuestra circunstancia histórica. Y la educación, que juega un rol crucial para revertir este estado de cosas, se ha vuelto instrumental: hoy se forma recursos humanos funcionales, no sujetos pensantes”, sentencia.

Nacido en Chile, radicado en México (país donde trabaja en diversos ámbitos académicos), Hugo Zemelman se siente un intelectual errante. Viaja por todo el continente dando conferencias sobre temas educativos, participando de encuentros, aportando sus perspectivas. Y en este ir y venir, el sociólogo visitó nuestra ciudad para participar del III Congreso Internacional de Educación, organizado por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la UNL.

La educación instrumental

“Creo que las reformas educativas que se están implementando en el continente no están orientadas a rescatar al sujeto, sino a mutilarlo. Y eso se puede corroborar analizando las estructuras curriculares. Hay algunas de estas estructuras que están diseñadas para el empobrecimiento del hombre, pues el acento está puesto en la transmisión de información, y nada más. No se desarrolla una capacidad del hombre que es imprescindible: poder preguntarse adónde está parado, y para qué está. Al hombre se lo está adiestrando, entrenando, pero ya no se lo educa”, sentenció Zemelman en diálogo con El Litoral.

“Hablamos de una negación del sujeto y una pérdida de su conciencia histórica, vale decir, de su humanidad. Cuando hablo de negación, me refiero a que asistimos a una reducción del hombre como recurso funcional y eficiente -desde la lógica instrumental del capitalismo-, en desmedro de otras facultades del hombre vinculadas a la imaginación, a la intuición, a lo emocional”.

Esta perspectiva nihilista tiene, para Zemelman, otra consecuencia inevitable: el proceso de aniquilamiento de la condición humana refleja una nueva estratificación social. “Creo que actualmente hay sectores de la sociedad que están claramente predestinados a ser “mutilados’, a ser formados como meros recursos humanos que permitan competencia, productividad, presencia en la economía. Y la educación “calificada’ queda reservada a una elite. Este es un problema que tiene que ver con las profundas desigualdades sociales en Latinoamérica, que, paradójicamente, el propio desarrollo civilizatorio está permitiendo”, señaló.

Neoaristocracia

“Esto abre una nueva aristocracia en la sociedad actual, porque los beneficios que pueden provenir de la educación, de la ciencia y de la producción de conocimiento, no son del beneficio colectivo, sino que están reservados a sectores sociales privilegiados -continuó el sociólogo-. El modelo de acumulación de la riqueza y de capital tiene consecuencias esperables en la cultura y en la educación, pues no son procesos disociados”.

Pero el especialista se permite una esperanza: “Frente a este contexto complejo, donde la condición humana tiende a ser aniquilada y perdemos nuestra conciencia del pasado y del presente, la educación reviste una enorme importancia, porque implica un espacio donde se puede reaccionar frente a esta circunstancia. Y el rol y la responsabilidad de los docentes, desde la enseñanza inicial hasta la universitaria, será clave”, resaltó.

Educación: la parte de un todo

Hugo Zemelman (Sociólogo)

No se puede disociar a la educación del resto de las esferas (económica, financiera, política, institucional, etc.). La educación constituye una constelación fenoménica enorme, y no se la puede aislar. Porque la crisis educativa tiene una relación correlativa con la crisis o ausencia de proyectos de desarrollo nacionales.

Debiéramos poner en debate algo que para mí es fundamental. Hoy -al menos en nuestro continente- se ha perdido la visión de conjunto. No tenemos noción de lo que está pasando, nos quedamos en los detalles, en la nimiedad, que el mercado y la libertad de comercio, que la racionalización de los recursos materiales y humanos, etc. La cuestión está en ubicar el discurso de la educación, con todo lo que tiene de específico y de complejo, en el centro de un concierto de problemas.

Hay que tratar de situar la cuestión educativa en la actual circunstancia histórica. Quiero decir que estamos ante la necesidad de entender el momento histórico actual, al menos en Latinoamérica, y no lo estamos entendiendo. Debemos responder a la pregunta “en qué contexto histórico estamos viviendo”, para empezar a pensar qué educación necesitamos. Y qué papel va a cumplir la educación como fuerza transformadora.

“Al hombre se lo está adiestrando y entrenando, pero no se lo educa”

“Las reformas educativas que se están implementando en nuestro continente no están orientadas a rescatar al sujeto, sino a mutilar su condición humana”, sostiene Zemelman.

La educación superior hoy

—¿Cómo ve la educación superior en América Latina?

—Estamos viendo hoy a una Academia que tiene un discurso vacío, sin sujetos. Esto tiene todo tipo de sintomatologías. Por ejemplo, la afición a los textos, al enciclopedismo. Nadie se atreve a pensar por sí mismo, sino que pensamos a través de otros (el abuso de citas y entrecomillados).

Entonces, caemos así en una erudición muy brillante pero meramente bibliográfica, y absolutamente estéril. No confundamos el pensamiento con la erudición. Sobra la información y la erudición, pero nos falta el pensamiento. Y esto es un proceso correlativo a quedarnos sin sujetos.

Hugo Zemelman nació en Concepción, República de Chile. Cursó las licenciaturas en sociología rural y derecho y un posgrado en Sociología. Llegó a México luego del golpe militar contra Allende en 1973, y trabajó en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) y en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

Ha dictado cursos y seminarios en toda Latinoamérica y en España. También participa con mucha frecuencia como conferencista en distintos encuentros nacionales e internacionales. Cuenta con una obra bibliográfica tan nutrida como variada: ha publicado libros sobre temas que van desde la problemática agraria y los movimientos sociales, la epistemología, cultura y política, hasta la educación y conocimiento.

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