lunes, 28 de septiembre de 2009

Un detector de mentiras de puño y letra

Detectar la mentira ha sido siempre tan importante para los interrogadores como obtener la verdad. Existen varios tipos de polígrafos que se aprovechan de una supuesta alteración física cuando se miente (la sudoración, la tensión arterial, cambios en la voz…). Lo último es vigilar cómo se escribe.

Dos investigadores de la universidad israelí de Haifa, Gil Luria y Sara Rosenblum, creen haber encontrado la base científica para desarrollar un detector de mentiras escritas. Sometieron a 34 voluntarios a la prueba de escribir dos relatos, uno que fuera real y el otro inventado. Tuvieron que escribir en un papel especial colocado sobre un ordenador tipo tableta para medir la presión ejercida con un bolígrafo electrónico capaz de grabar la intensidad del trazo. El sistema, bautizado como ComPET (Herramienta de Evaluación por Ordenador de Escritura a mano, por sus siglas en inglés) se completa con un programa informático diseñado por ellos que analiza el texto.

Los investigadores, que publicaron su trabajo en la revista Applied Cognitive Psychology, descubrieron que la presión sobre el papel era mayor en las frases falsas. También comprobaron que el trazo era más largo y las letras más finas que en los párrafos veraces. En general, aparecía un uso diferente del espacio. Las variaciones, invisibles al ojo humano, fueron detectadas por el prototipo. Según este trabajo, tomarse todo el tiempo del mundo para escribir no ayuda a construir mejor la mentira, siendo irrelevante la rapidez al escribir.

Los científicos israelíes creen que la escritura a mano varía cuando se fuerza al cerebro a inventar. En concreto, el esfuerzo mental que supone mentir, frente al recuerdo real, exige que el cerebro esté más atento. “Da la impresión de que la escritura de algo falso exige un mayor uso de recursos cognitivos que el acto de escritura automática”, explica Luria.

Cambios cognitivos

La práctica totalidad de los polígrafos usados en la actualidad se basa en la presunción de que el acto de mentir provoca cambios fisiológicos. Pero en EEUU y en otros países donde se utilizan son habituales las demandas por su dudosa fiabilidad. Sin embargo, ComPET se basa en la idea de que el acto de mentir provoca cambios cognitivos que no pueden ser ocultados a la máquina ni estar sujetos a una interpretación humana errónea. “Es una tecnología que puede mejorar de forma efectiva nuestra capacidad para identificar la mentira”, aseguran los investigadores.

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