lunes, 7 de septiembre de 2009

Razón y emoción confluyen cuando se toman decisiones


Hasta hace poco se suponía que para tomar decisiones alcanzaba con la razón. El filósofo francés René Descartes (1596-1650) dio por supuesto que la razón estaba descargada de toda emotividad y desvió temporalmente la medicina de la visión orgánica, de mente-en-el-cuerpo, que se mantenía desde los tiempos de Hipócrates.
Mucho tiempo después, el neurobiólogo portugués Antonio Damasio, reconocido internacionalmente por sus investigaciones sobre la neurología de la vista, la memoria y el lenguaje; y sobre todo, por su contribución a la elucidación de la enfermedad de Alzheimer, refutó al francés en su libro "El error de Descartes" (1994) y luego, en "Sentir lo que sucede" (1999). En la primera, Damasio expuso las teorías sobre las bases bioquímicas y neurales de las emociones y los sentimientos. Sostenía: "no sólo la separación entre mente y cerebro es mítica; la separación entre mente y cuerpo es, probablemente, igual de ficticia. La mente forma parte del cuerpo tanto como del cerebro".
Damasio manifestó que los sentimientos, lejos de perturbar, tienen una influencia positiva en la razón. "En términos anatómicos y funcionales es posible que exista un hilo conductor entre razón, sentimientos y cuerpo", afirmaba. Reconocer el papel de los sentimientos daría la oportunidad de subrayar sus efectos positivos y disminuir, al mismo tiempo, su potencialidad lesiva.

El proceso

"La evidencia científica indica que decidimos, básicamente, con las emociones", manifestó recientemente a la prensa Facundo Manes, director del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. Manes cita investigaciones recientes que demuestran que la toma de decisiones es un proceso que depende de áreas cerebrales involucradas en el control de las emociones, y que las decisiones dependen de cuál región cerebral emerge victoriosa de una batalla entre los centros emocionales y racionales.
Psicólogos de Princeton, EE.UU., analizaron cómo un grupo de personas tomó decisiones por las cuales perdió dinero y descubrieron que las emociones pueden anular el pensamiento lógico. Mediante imágenes de resonancia magnética funcional, hallaron que cuando una persona recibía una oferta injusta se activaban en su cerebro zonas asociadas a lo racional y otras a lo emocional.
La pregunta que Manes formula es: ¿poseemos libre albedrío cuando nuestra toma de decisiones está influida por procesos implícitos que muchas veces no alcanzan la conciencia?
El psicólogo estadounidense Christopher J. Anderson, de la Universidad de Albania, Nueva York, EE.UU., sostiene que las emociones influyen cuando se toman decisiones y cuando no se lo hace. Y que a veces, a través de una decisión se busca compensar decisiones anteriores que se consideran malas: "Si la anterior me la perdí, esta vez no se me escapa", dice la persona, y suele perder de vista las circunstancias particulares del presente.

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